Maxente

Nombre: Maxente

Autor: Carlos Enrique Freyre

Editorial: Altazor

Número de páginas: 159

Esta novela también la encontré en la pasada Feria del Libro Ricardo Palma. La compré junto con un par más pues, como le confesé al librero que me los vendió, soy un seguidor acérrimo de las publicaciones de Altazor. ¿Por qué? Por dos razones: Primero porque publica narrativa de ciencia ficción y fantasía. Segundo porque los autores de estos trabajos suelen ser peruanos.

Si bien por lo general lo que más consumo son antologías (para ubicar autores que me gusten), en esta ocasión hice lo contrario. Más adelante, cuando investigué más sobre Carlos Freyre y su producción, me di cuenta que sí lo había leído antes. Pero además, me enteré que está relacionado (el mismo y su literatura) con un tema que también me apasiona mucho: el conflicto armado interno que vivió el Perú entre 1980-2000.

Maxente es una novela que precisa ser leída teniendo en cuenta quién es el autor. De hecho, bajo esa luz es que he podido enriquecer mi lectura del libro. Felizmente, en la solapa hay un pequeño resumen, así que no hay que ponerse a buscar tanto.

La novela empieza con el secuestro de Crisanto, ex comando de la unidad “Epsilon” del Ejército y veterano del conflicto armado. Muy en la onda de las novelas de mercenarios, pronto se revela que quien lo ha secuestrado es su antiguo jefe, el ahora Mayor Berasteín. Este se ha embarcado en la tarea de reunir a su antiguo escuadrón para cumplir una misión secreta en un lejano pueblito de la selva peruana llamado Maxente.

A partir de allí, la narración se va alternando entre los puntos de vista de diferentes personajes, pero sobre todo los de Crisanto y Berasteín, que podría considerarse los protagonistas. Este recurso es explotado a lo largo de la novela con bastante eficacia, aunque ciertas historias (como las del sacerdote/soldado Antonio Seclén) se sienten un poco flojas y en otros casos (como las del soldado “Toro”) son intrascendentes.

Decía que conviene conocer quién es el autor para entender que su condición de militar es la que dota al relato de tanta verosimilitud. Los diálogos entre soldados, las batallas, los desplazamiento de la tropa y otros acontecimientos son vívidos para el lector. En ciertas ocasiones percibo que se ha recargado un poco el texto, pero esto no desmerece el conjunto final.

Otro de los motivos por los que es pertinente el historial de Freyre es por su actuación durante la guerra contra la subversión. Y aquí es donde el análisis se enriquece más porque el argumento central de Maxente es, en mi opinión, una recreación de ese conflicto, en donde el autor ha reemplazado al elemento subversivo por uno fantástico: los vampiros.

En el mundo de Maxente, los vampiros existen desde el inicio de los tiempos y conviven de forma más o menos pacífica con los seres humanos. Se da a entender que hay diferentes castas, pero los que viven en el Perú son los brucolacos, una de las vertientes más degradas; carroñeros antes que chupasangres.

Sin embargo, esta aparente armonía parece haberse roto luego de la intromisión de dos personajes importados de nuestro mundo: los camaradas Alipio y Gabriel. Para quienes no los conozcan, ambos formaban parte de las remanentes de Sendero Luminoso en el VRAEM y fueron presuntamente abatidos en 2013. En la novela, se convirtieron en vampiros y han iniciado una cruzada para proseguir la guerra, ya no para convertir el Perú en una dictadura del proletariado sino en un estado vampírico.

Aunque eso último suena delirante, el autor tiene el mérito de hacerlo creíble en la novela y, como decía, de regalarnos una alegoría de su visión de la guerra (la real, no de la novela). Por ejemplo, podemos empezar por resaltar su visión aparentemente prejuiciosa con respecto a las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado durante esa época.

15152507_1294954137210980_1636836069_oLa guerra que tienen que librar Berasteín y sus soldados contra estos vampiros revolucionarios es la guerra que Freyre debió pelear durante su tiempo en las zonas de emergencia. Los vampiros, igual que los terroristas, lucen igual que los civiles y se mezclan entre ellos para espiarlos y tenderles emboscadas. No obstante, en la novela el Ejército ha desarrollado unos binoculares que permiten diferenciarlos evitando así atacar a gente inocente. Esto puede ser una justificación para las atrocidades cometidas contra la población civil por los militares, pero también funciona como recordatorio de que los subversivos también eran personas (o lo fueron), antes de alzarse en armas (volverse vampiros).

Hay también otros paralelismos interesantes. Por ejemplo, el estrés de la tropa provocado por la omnipresencia de los vampiros “energéticos” es comparable a la que debe haber producido el partido que tenía “mil ojos y oídos” en todas partes. Otro caso es el de los “pioneritos”, rescatados en el mundo real, pero transformados en vampiros en Maxente y obligados a servir a la revolución por la eternidad.

A diferencia de lo que ocurrió en la realidad, el desenlace de la novela no pasa por golpes de inteligencia sino por el uso de la fuerza bruta y, en menor medida, la intervención de desertores o arrepentidos. El compañero de Crisanto; Acevedo, convertido en vampiro a la fuerza, es quien inclina la balanza junto con otros vampiros que no se han unido a la revolución y también la oportuna acción del Coronel Antonio Cortelezzi, el jefe de toda la operación en Maxente.

Casi al final, se cuela otras de las opiniones de Freyre al respecto, que esta vez va dirigida contra los políticos y su incapacidad para tomar decisiones. Según su visión, son los militares que, equivocados o no, son obligados a tomarlas y terminan asumiendo toda la responsabilidad cuando las cosas no salen bien.

15145102_1294954037210990_596880979_oAlgo que me resulta curioso pensar es, si este paralelismo entre vampiros y terroristas es a propósito. El hecho de que existan muchos de ellos viviendo como buenos ciudadanos, ¿no le genera cierto temor al autor? Ciertamente al Mayor Berasteín lo tiene sin cuidado al punto de que no le importa descubrir que su propio jefe es uno de ellos. No obstante, si esta hipótesis es correcta, podría deberse al hecho de que un vampiro no es necesariamente un terrorista, pero quizás sí un militante de izquierda o aún un comunista que no se ha plegado a la lucha armada. Y, en tanto se mantengan así y no “se multipliquen”, su presencia podría ser perfectamente inocua.

Hemos llegado al final. ¿Recomiendo este libro? Sí, lo recomiendo. No solo porque es una apuesta audaz dentro del género sino también por todas las lectura adicionales que admite (la mía es solo una de ellas). Debo admitir que la caracterización psicológica de los personajes no siento que cuajara mucho, pero aún solo como novela de acción está muy bien hecha, con el plus de la originalidad del argumento. En cualquier caso, una buena compra.

¿Quieres saber más sobre el autor?

Aquí su página en Wikipedia

Aquí otras críticas sobre el libro:

(No se encontraron)

 

 

 

 

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2 comentarios en “Maxente

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